Vuelvo de clase un día como otro cualquiera, me siento frente a una página en blanco de mi ordenador, y comienzo a reflexionar sobre la juventud...e inmediatamente vienen a mi cabeza las hermosas, nostálgicas y no poco conocidas palabras del ilustre Rubén Darío: “ Juventud, divino tesoro...te vas para no volver” se lamentaba el poeta. Pero actualmente el concepto de juventud parece no pasar por su mejor momento, y con esto me refiero a las constantes e incesantes críticas y reproches que recaen sobre los jóvenes de hoy en día.
Debates, tertulias matinales, artículos de opinión...todos hablan del alcohol, de las drogas, del fracaso escolar, de la agresividad y la violencia, del acoso a través de las redes sociales... y la mayoría se preocupan más por determinar un problema que parece generalizado que por hallar soluciones que ayuden a esta juventud que da la sensación de ir, por decirlo de alguna manera, “cuesta abajo y sin frenos”.
Yendo por la calle, un día cualquiera se ven restos de un botellón, y los consecuentes estragos en el mobiliario urbano. En youtube aparecen quizás demasiados vídeos de agresiones. Chavales que pasan más horas frente al ordenador o la videoconsola que relacionándose con gente. Las aulas están llenas de alumnos, que se evaden pensando en lo que sea con tal de no escuchar una lección que no les interesa demasiado, pero esque en realidad, para qué abandonar los estudios?¿ para pasar a engrosar las ya de por si abultadas listas del paro y convertirse en lo que llaman “un nini” ¿ No, gracias.
Vivimos en un mundo ciertamente difícil, con una realidad complicada de digerir. En mi opinión, la violencia, el aislamiento social, las drogas, el vandalismo etc, no son sino una forma poco acertada de canalizar una frustración, una confusión y una desmotivación causadas por esta realidad.
La gran crisis económica que todos comentan pero de la que nadie parece saber como salir, la pobreza inhumana que afecta a un ingente número de personas, catástrofes naturales que arrasan con todo a su paso... Parece difícil, si no imposible, hallar un mínimo resquicio de luz entre tanta oscuridad.
Sin embargo, no debemos olvidar que somos jóvenes, que tenemos toda la vida por delante, y que, nos guste o no, heredaremos este mundo, con su grandeza y sus problemas. Debemos hacer lo posible por salir de las garras del pesimismo y aferrarnos a la libertad, a la creatividad desbordante, a la energía , a la vehemenciay a las ansias de cambio que caracterizan a la juventud para salir a flote y reaccionar. Debemos revelarnos (en el buen sentido de la palabra) contra todo aquello que corrompe el mundo, cuestionar el porqué de las cosas, sin aceptarlo todo como hecho, sin dar nada por perdido.
Deberíamos tener estos en cuenta, ser conscientes de nuestros errores para salir de ellos, y no dejar que el inevitable paso de los años difumine y nos haga olvidar aquello que cuando éramos jóvenes nos hizo ver el sol tras la tormenta.